Sapo de Cachimba
30 ene 2024
el más acá
aprieta los huesos
y desprende soledad
se aplaca en su sombra
un árbol totalmente negro
sostiene mi forma
la embiste de lenguaje mudo
de animales nocturnos
de sangre sin temperatura
Se acabaron las tormentas
el sol vuelve a caer entre las vías
cada equinoccio
una puñalada puntual
arrimada contra la tierra
hacia ese oeste vamos, fuimos
temblorosas a la aproximación
caídas del catre
como Doña Úrsula Parra
que se levantó varios muchachos
barriendo la vereda
así parió diez hijos, u once
según las estadísticas
la densidad de población
este sol que cae entre las vías
el otoño da su comienzo
barre la hoja la Úrsula
arremete hasta el cajón
se acabaron las tormentas
comenzaron las pestes
las redes sociales, las poses
y se terminaron los trenes
este tajo al medio de la ciudad encajonada
el sol estalla al fondo
donde los rieles se juntan
y Doña Úrsula barre las hojas de toda Villa Florencia
20 may 2023
Un hospital en Temperley
* Versión libre del poema "A supermarket in California" de Allen Ginsberg
Qué pesadillas tengo de vos esta noche, Viel Temperley, mientras me agazapo en mí, por pabellones, colgado de las ramas, qué ramas, me duele el cerebro viendo la luna llena.
¡En mí padecimiento, y coleccionando estampitas, fui al hospital de cruces de neón, soñando con la reencarnación!
¡Qué de médicos y qué penumbra! ¡Familias enteras llorando la noche! ¡Salas llenas de maridos! ¡Esposas en los asientos, niños detrás de dispensers! — Y vos, maldito Fogwill, ¿qué estabas haciendo junto a las enfermeras?
Te ví, vil Temperley, sin hijas, solitario viejo trepanado, traspasando las carnes de la cabeza, sacado del mundo y mirando a los chicos de la carnicería.
Te escuché preguntarle a ellos: ¿Quién mató las neuronas de mí cerebro? ¿Cuánto vale la vida? ¿Son, acaso, mis ángeles?
Me metí y caminé por innumerables pasillos blancos, perseguido en mis pesadillas por el guardia del hospital.
Recorrimos juntos esos pasillos abriendo puertas, en nuestra solitaria aventura del cáncer, gozando de todos los manjares en cápsulas y sueros, con esquirlas.
¿A dónde vamos a ir, Viel Temperley? La muerte está muy cerca. ¿En qué dirección apunta tu cuerpo esta noche?
(Toco tu cráneo, sueño con nuestra odisea en el hospital y estoy en éxtasis)
¿Divagaremos toda la noche por pabellones abandonados? Los árboles dan sombra a la sombra, las luces se apagan en las salas, nos sentiremos solos.
¿Pasearemos soñando con la Patagonia, dementes de amor más allá de esta pampa que nos separa, hogar de nuestra silenciada aldea?
Ah, querido padre, cabeza vendada, viejo y solitario maestro del cuerpo ¿qué Argentina te hizo cuando Christus Pantokrator terminó de hundir su barca y vino a buscarte a nado, y te paraste sobre tu cama humeante y te quedaste mirando el barco desaparecer en las verdes aguas del Río de la Plata?
27 may 2020
verano
desde las orillas del mar Lejano
un hombre
viejo, barbudo, desalineado
intenta verme
fuerza la vista
para comprender que más allá
del sol, del ultimo sol
la sabana que me cubre
mimetiza las olas de su mar
olas azules y celestes
olas grises como lomos de criaturas sin nombre
yo que creía poder leer
a Hemingway, a Greene, a London
ni siquiera puedo concentrarme en soñar,
mientras escucho el despertador
que le dice a mi padre:
es hora de ir a trabajar.
( 2 - 2 - 12 )
20 jul 2018
balada
¿qué decir de quien escapa sin ser perseguido?
el velador simula una galaxia
antes fue payaso triste
esta máquina galopa
como potranca sin freno
sólo estepa y viento
la combinación perfecta
de la soledad
intermareal
pájaros humo
queman paladar
la poesía (es una) falla
arde
embiste la razón
la marea
se va cuando recién vuelve
6 feb 2018
doce
doce niños palestinos que lloran
juegan a hacer burbujas de sangre con sus antepasados
son explotados por un misil-marca-israel
diseñado y financiado por el
departamento-de-defensa-de-los-estados-unidos-de-norteamérica
dueños de decidir la paranoia y las invasiones
doce niños palestinos se vuelven burbujas de sangre
vuelan por el aire en busca de sus antepasados
se posan como pajaritos en olivos y cipreses
bajo el cielo del Magreb en octubre o en febrero
haga frío y calor, llueva el cielo, agujereé la tierra
doce musulmanes reciben las gotas democráticas de la oohtan
pilotos ingleses franceses yanquis nublan el cielo de Libia
y los paraguas no alcanzan y los destierros se precipitan
los estados son caotizados y los siniestros descontrolan bajo control
doce musulmanes libanesas o iraquíes o afganas
en octubre o en febrero
no soportan la lluvia ni las estrellas fugaces
y no conocen el silencio
doce musulmanes en cualquier esquina
siempre llueve, se agujerea la tierra
en las afueras de Alepo a cualquier hora del día o de la noche
doce mujeres sirias, que nunca vieron la-luna-salir-del-mar
son acribilladas por un comando de mercenarios
entrenados por altos mandos franceses y abastecidos con sus armas
dirán de los asesinos que no asesinan
que “luchan contra la tiranía”.
de las doce mujeres nadie dirá nada
nadie dirá que eran madres
que trabajaban en el mercado, en el ferrocarril, en el algodón
que preparaban tabule, que jugaban con sus hijos y con sus madres
que ardían de amor y no conocían el mar
nadie dirá que sus cuerpos acribillados formaban un océano rojo y cansado
al atardecer
sobre las ruinas milenarias del tiempo
a varios mares y cielos de allí
doce siniestros hombres de traje y corbata
planifican el terror
deciden cómo se verá el mundo
en qué lugar de la periferia situarán la culpa
el peso de los cuerpos y de las creencias
cómo amanecerá lo distinto, de qué color será el enemigo
y mandarán títeres camuflados para confundir
para la balanza occidental de este mundo
desequilibrado imperialísticamente
los muertos no se justifican
simplemente se distorsionan o se ocultan